El Principito- Antoine de Saint-Exupery

Capítulo l

Dice que cuando yo teneia seis años un libro que se titulabahistorias vividasy este representaba a una serpiente boa que se tragaba a una fiera. Y dice que, reflexione sobre ese libro y logré trazar mi primer dibujo mi dibujo número 1 

 Enseñe mi dibujo a las personas mayores y pregunté si daba miedo.  

-porque asustaría un sombrero 

Mi dibujo no representa un sombrero si no a una serpiente boa que digiere a un elefante dibuje el interior para que pudieran comprender, mi dibujo 2: 

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de boas y que pusiera mas interés en la geografía, la historia y el cálculo. 

Tuve, que elegir otro oficio y aprendía a pilotear aviones, he volado un poco por el mundo y la geografía esto es útil sobre todo si se pierde uno durante la noche. 


Capítulo II

      Viví así, solo, nadie con quién poder hablar verdaderamente, hasta cuándo hace seis años tuve una avería en el desierto de Sahara. Algo se había estropeado en el motor. Como no llevaba conmigo ni mecánico ni pasajero alguno, me dispuse a realizar, yo solo, una reparación difícil. Era para una cuestión de vida o muerte, pues apenas tenía agua de beber para ocho días.

La primera noche me dormí sobre la arena,  a unas mil millas  de distancia del lugar habitado más próximo. Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínese, pues, mi sorpresa cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que decía:

       ¡Por favor… píntame un cordero!

      ¿Eh?

      ¡Píntame un cordero!

Me puse en pie de un salto como herido por el rayo. Me frote los ojos. Mire a mi alrededor. Vi a un extraordinario muchachito que me miraba gravemente. Ahí tienen el mejor retrato que mas tarde logre hacer de el, aunque mi dibujo, ciertamente es menos encantador que el modelo. Pero no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de seis años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.


 Miré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me encontraba a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Y ahora bien, el muchachito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, de hambre, de sed o de miedo. No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en el desierto, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Cuando logré, por fin, articular palabra, le dije:

-pero…¿Qué haces tú por aquí?

Y el respondió entonces, suavemente, como algo muy importante:

-¡Por favor… píntame un cordero!

Cuando el misterio es demasiado impresionante, es posible desobedecer. Por absurdo que aquello pareciera, a mil millas de distancia de todo el lugar habitado y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma fuente. Recordé que yo había estudiado especialmente geografía, historia, cálculo y gramática y le dije al muchachito (ya un poco malhumorado), que no sabía dibujar.

-¡No importa, píntame un cordero!

Como nunca había dibujado un cordero, rehíce para él uno  de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito:

-¡No, no! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra es todo muy pequeño. Necesito un cordero. Píntame un cordero.

Dibuje un cordero. Lo miró atentamente y dijo:


-¡No! Este está ya muy enfermo. Haz otro.

Volví a dibujar.     


Mi amigo sonrío dulcemente, con indulgencia.

-¿Ves? Esto es un cordero, es un carnero. Tiene cuernos…

Rehíce nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.


-Este es demasiado viejo. Quiero un  cordero que viva mucho tiempo.

Faltó ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garrapateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué :


-esta es la caja. El cordero que quieres esta adentro. Con gran sorpresa mía el rostro de mi joven juez se iluminó:

-¡Así es como lo quería! ¿Crees que sea necesario mucha hierba para este cordero?

-¿Por qué?

-por que en mi tierra es todo tan pequeño

Se inclinó hacia el dibujo y exclamó:

-¡Bueno, no tan pequeño…! Esta dormido…

Y así fue como reconocí al principito.

Capítulo III

·        Me llevó mucho tiempo comprender de dónde venía. El principito, que me hacía muchas preguntas, nunca parecía escuchar las mías. Son palabras pronunciadas al azar las que, poco a poco, me revelaron todo. Así, cuando vio por primera vez mi avión (no dibujare mi avión , es un dibujo demasiado complicado para mí) me preguntó:

·      Principito:¿Qué es esa cosa?

·      Aviador: no es una cosa. Vuela. Es un avión, mi avión   

Principito: ¡Cómo! ¡Has caído del cielo!

Aviador: si.

Principito: ¡Ah! Que curioso…·       

El principito soltó una hermosa carcajada que me irritó. Me gusta que mis desgracias se tomen enserio. Luego agrego:       Principito : entonces tu también vienes del cielo! ¿De que planeta vienes?        Aviador: ¿Vienes pues de otro planeta?        No respondió nada, Pero movía la cabeza suavemente mientras miraba mi avión.·        Principito: es verdad que, con eso No puedes venir de muy lejos.·        Aviador:  ¿De dónde provienes, mi niño?, ¿Dónde queda tu casa?, ¿Dónde quieres llevar mi cordero?        Después de meditar un rato me respondió:       Principito: lo que está bien, con la caja que me diste, es que a la noche le servirá de casa.        Aviador: claro. Y si eres bueno, te daré también una cuerda para atarlo durante el día. Y una estaca.        Principito: ¿Atarlo? ¡Que idea tan rara!        Aviador: pero si no lo Atas, se irá a cualquier parte y se perderá…·        Principito:  ¿Pero a dónde quieres que vaya?        Aviador: A cualquier lado. Derecho hacia adelante…        Principito: derecho hacia adelante no se puede ir muy lejos …

 Comentario: La diferencia entre adultos y niños a través del diálogo entre el Aviador y el principito, el principito al hacer muchas preguntas, no respondía a ninguna del Aviador.


Capítulo IV

el Principito conoce a un rey que cree tener poder sobre las estrellas. El rey ordena al Principito que se convierta en su ministro, pero el Principito se da cuenta de que el rey no tiene verdadero poder y decide irse. Esto muestra la crítica a la autoridad y el poder sin sentido.

"El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry, el Principito habla sobre su relación con un farero. El farero es un personaje que se dedica a encender y apagar su faro cada minuto, siguiendo órdenes de un superior que no entiende la inutilidad de su tarea.

El Principito se siente intrigado por la dedicación del farero a su trabajo, aunque no comprenda el propósito detrás de él. Sin embargo, el farero parece estar atrapado en su rutina y no cuestiona su situación.

Este capítulo destaca la temática de la rutina y la obediencia ciega, y cómo las personas pueden quedar atrapadas en roles y responsabilidades sin cuestionar su propósito o significado.


Capítulo V

Este texto cuenta cómo el narrador, hablando con el principito, aprende algo nuevo sobre su planeta: el problema de los baobabs. El principito le pregunta si los corderos se comen los arbustos, y al saber que sí, se preocupa porque eso podría incluir a los baobabs. El narrador le explica que los baobabs no son simples arbustos, sino árboles enormes, tan grandes que ni un rebaño de elefantes podría acabar con uno. Luego entienden que los baobabs, cuando son pequeños, parecen inofensivos, pero si no se arrancan a tiempo, crecen y destruyen el planeta. Por eso, el principito dice que hay que tener disciplina y limpiar el planeta todos los días, arrancando los brotes de baobabs antes de que sea demasiado tarde. el principito le aconseja al narrador que haga un dibujo para advertir a los niños sobre el peligro de los baobabs, ya que si se deja crecer uno, puede destruir todo el planeta. El narrador, siguiendo su consejo, dibuja el planeta con los baobabs para mostrar lo importante que es mantener la disciplina y cuidar de ellos desde pequeños. Aunque no le gusta hacer dibujos con tono moralista, lo hace con el deseo de transmitir el mensaje del principito y evitar que otros cometan el mismo error de dejar que los baobabs crezcan.




Capítulo VI

¡Ah, principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol

-Tendremos que esperar

- ¿Esperar qué?

-Que el sol se ponga.

Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

-Siempre me creo que estoy en mi tierra.

En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta de sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas

- ¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

- ¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.

-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿Verdad?

Pero el principito no respondió.




Capítulo VII

EL CORDERO QUE COME ARBUSTOS Y FLORES

Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio:

-Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?

-Un cordero se come todo lo que encuentra.

-¿Y también las flores que tiene espinas?

-Si; también las flores que tienen espinas

-Entonces, ¿Para que le sirven las espinas?

Confieso que no lo sabía. Están yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado apretado del motor, la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, temer lo peor.

-¿Para que sirven las espinas?

El principio no permitía nunca que se dejará sin respuesta una pregunta formulada por el. Imitado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió:

-Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.

_¡Oh!.

Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor.

-¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…

No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: “si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo”. El principito me interrumpió de nuevo más pensamientos:

-¿Tu crees que las flores…?

-¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serías.

Me miró estupefacto

-¡De qué cosas serías!

Me miraba con el martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo.

-¡Hablas con las personas mayores!

·       Me avergonzó un poco. Pero el impecable, añadió:

-¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!

Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando a el viento sus cabellos dorados.

-Conozco un planeta donde vive un señor muy Colorado, que nunca ha ido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie . En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: “¡Yo soy un hombre serio!”… al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre serio, ¡es un hongo!

-¿Un que?

-Un hongo

El principito estaba pálido del cólera.

-hace millones de años que las flores tienen espinas y hace millones de años que los corderos,  a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar porque las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio en importante que las sumas de un señor gordo y Colorado? Y si yo sé de una flor única de el mundo y que no existe en ninguna parte mas que en mi planeta si yo se que un corderillo puede aniquilarlos sin darse cuenta de ello, ¿Es que esto no es importante?

El principito enrojecido y después continuo:

-Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “mi flor está allí, en alguna parte…” ¡Pero si el cordero se la come, para el es como si todas las estrellas se pagarán ¡Y esto no es importante!

No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.

La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tome en mis brazos y lo mecí diciéndole: “la flor la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujare un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…”. No sabía que decirle, como consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentí torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas.





Capítulo VIII

Aprendí bien pronto a conocer mejor esta flor. Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples, adornadas con una sola fila de pétalos, que no ocupaban lugar y que no molestaban a nadie. Aparecían una mañana entre la hierba y por la noche se apagaban. Pero aquella había germinado un día, de una semilla traída de no se sabe dónde, y el principito había vigilado muy de cerca esta ramita que no se parecía a las otras ramitas.Podía ser una nueva especie de baobab. Pero el arbusto dejó pronto de crecer y comenzó a preparar una flor. El principito, que asistía a la formación de un capullo enorme, presentía que de allí saldría una aparición milagrosa; pero la flor no terminaba de prepararse para salir de su cámara verde, al abrigo de su vestido de pétalos. Escogía con cuidado sus colores, se vestía lentamente, ajustaba uno a uno sus pétalos. No quería salir toda arrugada, como las amapolas; quería aparecer en la plenitud de su belleza. ¡Ah, sí! Era muy coqueta aquella flor. Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol, se mostró espléndida.  

Había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando:  

—Ah, perdóname… apenas acabo de despertarme… estoy toda despeinada…  

El principito no pudo contener su admiración:  

—¡Qué hermosa eres!  

—¿Verdad? —respondió dulcemente la flor—. He nacido al mismo tiempo que el sol.  

El principito comprendió en seguida que aquella flor no era muy modesta; pero era tan conmovedora. 

—Me parece que es hora de desayunar —añadió la flor—. Si tuvieras la bondad de pensar en mí… 

Y el principito, muy confuso, habiendo ido a buscar una regadera, la roció abundantemente con agua fresca.  

Así lo había atormentado muy pronto con su vanidad un poco sombría. Un día, por ejemplo, hablando de sus cuatro espinas, dijo al principito:  

—¡No hay tigres en mi planeta! —observó el principito—. Y además, los tigres no comen hierba.  

—No soy una hierba —respondió dulcemente la flor.  

—Perdóname…  

—No temo a los tigres, pero tengo miedo a las corrientes de aire. ¿No tendrás un biombo?  

—¡Miedo a las corrientes de aire no es una suerte para una planta! —pensó el principito—. Esta flor es demasiado complicada. 

—Por la noche me cubrirás con un fanal… hace mucho frío en tu tierra. No se está muy a gusto; allá de donde yo vengo…  

La flor se interrumpió; había llegado allí en forma de semilla y no era posible que conociera otros mundos. Humillada por haberse dejado sorprender inventando una mentira tan ingenua, tosió dos o tres veces para atraerse la simpatía del principito.  

—¿Y el biombo?  

—Iba a buscarlo, pero como no dejabas de hablarme…  

Insistió en su tos para darle al menos remordimientos.  

De esta manera el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, había llegado a dudar de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía desgraciado.  

“Yo no debía haberle hecho caso —me confesó un día el principito— nunca hay que hacer caso a las flores, basta con mirarlas y olerlas. Mi flor embalsamaba el planeta, pero yo no sabía gozar con eso… Aquella historia de garra y tigres que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme”. 

Y me contó todavía:

  

“No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de ella! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla”. 



Capítulo IX

La despedida de la flor

Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión. La mañana de la partida puso en orden su planeta. Deshollinó cuidadosamente sus volcanes activos. Posee dos volcanes activos. Son muy útiles para calentar el desayuno. También posee un volcán extinguido. Pero, como decía, “nunca se sabe”, así que también deshollinó el volcán extinguido. Si se deshollinan regularmente, los volcanes arden suave y regularmente, sin erupciones. Las erupciones volcánicas son como los fuegos de chimenea. Nosotros, en nuestra Tierra, somos demasiado pequeños para deshollinar los volcanes. Por eso nos causan tantos problemas.

El principito arrancó también, con un poco de nostalgia, los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos esos trabajos habituales le parecieron esa mañana extremadamente dulces. Y, cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar.

—Adiós —dijo a la flor.

No respondió.

—Adiós —repitió el principito.

La flor tosió. Pero no por causa del resfriado.

—He sido una tonta —dijo al fin la flor—. Perdóname. Procura ser feliz.

Se sorprendió por la ausencia de reproches. Quedó desconcertado, con el fanal en el aire. No comprendía esa tranquila mansedumbre.

—Sí, yo te quiero —dijo la flor—. Ha sido culpa mía que tú no lo supieras. Pero eso no tiene importancia. ¡Pero tú has sido tan tonto como yo! Trata de ser feliz… Y suelta de una vez el fanal. Ya no lo quiero.

Pero el viento…

—No estoy tan resfriada como para…

—Y los animales..

—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras.

Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió:

—Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez.

La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa…



Capítulo X

El principito se encontraba en una región de los asteroides 325 al 330 y comenzó a visitarles, el primero era habitado por un rey.

Caricatura rey


-        He aquí un subdito dijo el rey y el principito se pregunta:-        ¿Cómo puede conocerme si nunca me había visto?

Luego el principito bostezo y el rey se lo prohibió

El principito dijo : no puedo impedirlo, he hecho un gran viaje y no he dormido

Entonces el rey dijo:

Te ordeno que bostezes, y siguió ordenando más cosas al principito.

Luego el principito se quedó sorprendido por qué el planeta era muy minúsculo ¿Sobre que reinaría el rey?

 Entonces el principito dijo

¿Sobre que reináis?

El rey respondió ¿Sobre todo?

El rey señaló su planeta y otros planetas y estrellas

Luego empezaron a discutir …

Entonces el principito suspiro y se fue y se dijo:


“ LAS PERSONAS MAYORES SON MUY EXTRAÑAS”.

Caricatura rey y principito


Capítulo XI

El segundo planeta estaba habitada por un vanidoso:

-¡Ah! ¡Ah! ¡Un admirador viene a visitarme! -grito el vanidoso al divisar a lo lejos al principito. Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.

-¡Buenos días!- dijo el principito-.¡ Que sombrero tar raro tiene!

-Es para saludar a los que me aclaman- respondió el vanidoso. Desgraciadamente nunca pasa nadie por aquí.

-¿Ah, si?- pregunto sin comprender el principito

-Golpea tus manos una contra – le aconsejo el vanidoso.

El principito aplaudió y el vanidoso se dijo para que el sombrero se preguntó solo

Comentario: En este capitulo, el principito conoce a un hombre vanidoso que solo quiere ser admirado. El principito se da cuenta de que vive solo, pendiente de los elogios. Con este personaje, el autor crítica la vanidad humana y muestra que buscar solo la administración de los demás lleva a la soledad.


Capítulo XII

El tercer planeta estaba habitado por un bebedor. Fue una visita muy corta, hundió al principito en una gran melancolía.

-¿Qué haces ahí?

Pregunto al bebedor que estaba sentado en silencio ante un sinnúmero de botellas vacías y otras tantas llenas.

-¡Bebo!

-¿Para que?

-para olvidar.

-¿Olvidar que?

-para olvidar que siento vergüenza

Confeso el bebedor bajando la cabeza.

-¿Vergüenza de que?

-¡Vergüenza de beber!

Concluyó el bebedor, que se encerró nueva y definitivamente en el silencio.

Y el principito, se marchó.

“No hay la menor duda de que las personas mayores son muy extrañas”. Seguía diciéndose para sí el principito durante su viaje.


Capítulo XIII

"El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry, el Principito habla sobre su relación con un farero. El farero es un personaje que se dedica a encender y apagar su faro cada minuto, siguiendo órdenes de un superior que no entiende la inutilidad de su tarea. El Principito se siente intrigado por la dedicación del farero a su trabajo, aunque no comprenda el propósito detrás de él. Sin embargo, el farero parece estar atrapado en su rutina y no cuestiona su situación. Este capítulo destaca la temática de la rutina y la obediencia ciega, y cómo las personas pueden quedar atrapadas en roles y responsabilidades sin cuestionar su propósito o significado.



Capítulo XIV

El quinto planeta era muy curioso era el más pequeño de todos pues apenas cabían en el un farol y el farolero que lo habitaban el Principito no lograba explicarse para qué servirían allí en el cielo en un planeta sin casas y sin población un paro y un farolero sin embargo se dijo a sí mismo. Este hombre quizás es absurdo sin embargo es menos absurdo que el rey el vanidoso el hombre de negocios y el bebedor su trabajo al menos tiene sentido cuando enciende su farol es igual que si hicieran hacer una estrella más o una flor y cuando lo apaga hace dormir a la flor o a las estrella más o una flor es una ocupación muy bonita y por ser bonita es verdaderamente útil. Cuando llegó al planeta saludos respetuosamente al farolero: –!buenos días¡ ¿ cómo acabas de apagar tu farol? –es la consigna–respondio el farolero–.¡Buenos días! –¿Y que es la consigna? –apagar mi farol.¡Buenas noches! Y encendió el farol –¿Y por qué acabas de volver a encenderlo
–es la consigna –No lo comprendo–dijo el principito –No hay nada que comprender ,la consigna es la consigna.¡Buenos días! Y apagó su farol, tu planeta es tan pequeño qué le puedes dar la vuelta en tres zancadas no tienes que hacer más que caminar muy lentamente para que se infla el sol cuando quieras descansar caminarás y el día durará cuánto tiempo como quieras –con eso adelantó gran cosa–dijo el farolero–, lo que a mí me gusta en la vida es dormir. –no es una suerte–dijo el principito Mientras el Principito proseguía su viaje se iba diciendo para así este sería despreciado por los otros por el rey por el valioso por el nombre de negocios y sin embargo es el único que no me parece rico quizás porque se ocupa de otra cosa y no de sí mismo lanzó un suspiro de pena y continuo diciéndose. Es el único de quien pude haberme hecho amigo pero su planeta es demasiado pequeño y no hay lugar para dos... Lo que el Principito no se atrevía a confesarse era que la causa por la cual lamentaba no quedarse en ese bendito planeta se debía las 1440 puestas del sol que podía disfrutar cada 24 horas

Capítulo XV

GEOGRAFO

RESUMEN

El principito llega al sexto planeta, donde encuentra a un Geógrafo. Este personaje se representa como un sabio que escribe sobre montañas, risa y mares, pero no explora él mismo; depende de los exploradores para obtener información.

El principito se sorprende al saber que el Geógrafo no sabe si hay flores en su planeta, ya que ya que estas son efímeras (pueden desaparecer), y el solo registra casas “eternas”. Entonces el principito se da cuenta de que su ropa es efímera, lo que lo entristece.

El Geógrafo le recomienda visitar la Tierra, ya que es un planeta muy interesante.

Caricatura:


Capítulo XVI

El séptimo planeta fue, por consiguiente, la Tierra.

¡La Tierra no es un planeta cualquiera! Se cuenta en él ciento once reyes (sin olvidar, naturalmente, los reyes negros), siete mil geógrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de borrachos, trescientos once millones de vanidosos, es decir, alrededor de dos mil millones de personas mayores.

Para darles una idea de las dimensiones de la Tierra yo les diría que antes de la invención de la electricidad había que mantener sobre el conjunto de los seis continentes un verdadero ejército de cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once carrileros.

Vistos desde lejos, hacían un espléndido efecto. Los movimientos de este ejercitó estaban regulados como los de un ballet de ópera. Primero venía el turno de los faroleros de Nueva Zelandia y de Australia. Encendían sus faroleros y se iban a dormir. Después tocaba el turno en la danza a los faroleros de China y Siberia,  que a su vez se perdían entre bastidores. Luego seguían los faroleros de Rusia y la India, después los de África y Europa y finalmente, los de África del Sur y América del Norte. Nunca se equivocaban en su orden de entrada en escena. Era grandioso.

Solamente el farolero del único farol del polo norte y su colega del único farol del polo sur, llevaban una idea de ociosidad y descanso. No trabajaban más que dos veces al año.

Caricatura:


Capítulo XVII

Cuando se quiere ser ingenioso, sucede que se miente un poco. No he sido muy honesto al hablar de los faroleros y corro el riesgo de dar una falsa idea de nuestro planeta a los que no lo conocen. Los hombres ocupan muy poco lugar sobre la Tierra. Si los dos mil millones de habitantes que la pueblan se pusieran de pie y un poco apretados, como en un mitin, cabrían fácilmente en una plaza de veinte millas de largo por veinte de ancho. La humanidad podría amontonarse sobre el más pequeño islote del Pacífico. 

Las personas mayores no les creerán, seguramente, pues siempre se imaginan que ocupan mucho sitio. Se creen importantes como los baobabs. Les dirán, pues, que hagan el cálculo; eso les gustará ya que adoran las cifras. Pero no es necesario que pierdan el tiempo inútilmente, puesto que tienen confianza en mí.  

El principito, una vez que llegó a la Tierra, quedó sorprendido de no ver a nadie. Tenía miedo de haberse equivocado de planeta, cuando un anillo de color de luna se revolvió en la arena.  

—¡Buenas noches! —dijo el principito. 

—¡Buenas noches! —dijo la serpiente. 

—¿Sobre qué planeta he caído? —preguntó el principito. 

—Sobre la Tierra, en África —respondió la serpiente. 

—¡Ah! ¿Y no hay nadie sobre la Tierra? 

—Esto es el desierto. En los desiertos no hay nadie. La Tierra es muy grande —dijo la serpiente. 

 El principito se sentó en una piedra y elevó los ojos al cielo. 

 —Yo me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas para que cada cual pueda un día encontrar la suya. Mira mi planeta; está precisamente encima de nosotros… Pero… ¡qué lejos está! 

—Es muy bella —dijo la serpiente—. ¿Y qué vienes tú a hacer aquí? 

—Tengo problemas con una flor —dijo el principito. 

—¡Ah! 

 Y se callaron. 

 —¿Dónde están los hombres? —prosiguió por fin el principito. Se 6está un poco solo en el desierto… 

—También se está solo donde los hombres —afirmó la serpiente. 

 El principito la miró largo tiempo. 

—Eres un bicho raro, delgado como un dedo… 

—Pero soy más poderosa que el dedo de un rey —le interrumpió la serpiente. 

 El principito sonrió: 

—No eres muy poderosa… ni siquiera tienes patas… ni tan siquiera puedes viajar… 

—Puedo llevarte más lejos que un navío —dijo la serpiente. 

 Se enroscó alrededor del tobillo del principito como un brazalete de oro. 

—A quien toco, le hago volver a la tierra de donde salió. Pero tú eres puro y vienes de una estrella… 

 El principito no respondió 

—Me das lástima, tan débil sobre esta tierra de granito. Si algún día echas mucho de menos tu planeta, puedo ayudarte. Puedo… 

—¡Oh! —dijo el principito—. Te he comprendido. Pero ¿por qué hablas con enigmas? 

—Yo los resuelvo todos —dijo la serpiente. Y se callaron. 

 



Capítulo XVIII

Conversaciones en el desierto El principito atravesó el desierto en el que sólo encontró una flor de tres pétalos, una flor de nada. —¡Buenos días! —dijo el principito. —¡Buenos días! —dijo la flor. —¿Dónde están los hombres? —preguntó cortésmente el principito. La flor, un día, había visto pasar una caravana. —¿Los hombres? No existen más que seis o siete, me parece. Los he visto hace ya años y nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. Les faltan las raíces. Esto les molesta. —Adiós —dijo el principito. —Adiós —dijo la flor COMENTARIO: En este capítulo sentí que el Principito se empieza a dar cuenta de lo solo que está. Me pareció triste, pero también bonito cómo sigue buscando compañía, incluso en una flor tan simple.


Capítulo XIX

DICE QUE EL PRINCIPITO SUBIO UNA GRAN MONTAÑA Y EL SOLO LAS UNICAS MONTAÑAS QUE HABIA CONOCIDO ERAN 3 QUE LE LLEGABAN A LA RODILLA.

LUEGO EL EN LA MONTAÑA DIJO:

-Buenos días

Y EL ECO RESPONDIO

-          Buenos días 

Y el siguió hablando con el eco

Y luego dijo :

-QUE EXTRAÑO ESTE PLANETA Y LOS HOMBRES NO TIENEN IMAGINACION , REPITEN LO QUE SE LES DICE.

El decía que tenía una flor en la casa que siempre era la primera que hablaba.

Comentario:

Es que el principito está en la tierra en un lugar solitario donde solo le responden ecos

Capítulo XX


Pero sucedió que el principito, habiendo atravesado arenas, rocas y nieves, descubrió finalmente un camino. Y los caminos siempre llevan a la morada de los hombres

-¡Buenos días!-dijo.

Era un jardín cuajado de rosas

-¡Buenos días!- dijeron las rosas

El principito las miro.¡ Todas se parecían tanto a su flor!

-¿ Quienes son ustedes?- les pregunto  estupefacto.

- somos las rosas – respondieron estás

-¡ Ah!- exclamó el principito

Y se sintió muy semejante en un solo jardín para escapar al ridículo


Capítulo XXI

Entonces apareció el zorro

Zorro: buenos días

Principito: buenos días

Zorro: estoy acá.

Principito:¿Quién eres? -eres muy lindo..

Zorro: soy un zorro

Principito: ven a jugar conmigo. ¡Estoy tan triste!

Zorro: no puedo jugar contigo. No estoy domesticado

Principito: ¡Ah! Perdón

Principito:¿Qué significa “domesticar”?

Zorro: los hombres tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés .

Principito: No, busco amigos ¿Qué significa domesticar?

Zorro: es una cosa demasiado olvidada, significa crear lazos.

Principito:¿Crear lazos?

Zorro: si. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros

Zorro: Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…

Principito: empiezo a comprender. Hay una flor… creo que me ha domesticado…

Zorro: es posible ¡En la tierra se ve toda clase de cosas…!

Principito: ¡No es la tierra!

Zorro: ¿Es en otro planeta?

Principito: sí

Zorro: ¿Hay cazadores en ese planeta!

Principito: no

Zorro: no hay nada perfecto

EL ZORRO VOLVIO A SU IDEA :

Zorro: por favor domestícame

Principito: bien lo quisiera, Pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

Zorro: solo se conocen las cosas que se domestican, los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Comprar cosas hechas a los mercantes. Pero como no existen mercantes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, indomesticame

·       Principito: ¿Qué hay que hacer?·       Zorro : hay que ser paciente, te sentaras más bien lejos de mi, así en la hierba, yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día sentarte un poco más cerca…

Zorro: hubiese Sido mejor regresar a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuánto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro. Me agitare y me inquietare; descubriré el precio de la felicidad , Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué horas preparar mi corazón… es bueno que haya ritos.

Principito:¿Qué es un rito?

Zorro: es algo también demasiado olvidado. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros, una hora de las otras. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso, me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

ASI EL PRINCIPITO DOMESTICO AL ZORRO. Y CUANDO SE APROXIMO LA HORA DE LA PARTIDA:

Zorro: ¡Ah! Voy a llorar…

Principito: yo no te deseaba ningún mal Pero tú quisiste que te domesticara.

Zorro: claro

Principito:¡Pero vas a llorar!

Zorro: claro

Principito: entonces no ganas nada…

Zorro: si gano. A causa del color del trigo

LUEGO AGREGO:

Ve y visítame a las rosas. Comprenderás que la tuya es la única del mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

Principito: ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún. Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro aparecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de el, y ahora es único en el mundo.

Principito: ustedes son bellas, Pero está vacías . No sé pueden morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es mas importante que todas ustedes, puesto que ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigue bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla

Principito: Adiós zorro.

Zorro: adiós, aquí está mi secreto, es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

Principito: lo esencial es invisible a los ojos

Zorro: es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que la hace tan importante

Principito: es tiempo que he perdido en mi rosa

Zorro: los hombres han olvidado está verdad, Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa….

Principito: soy responsable de mi rosa.

Capítulo XXII

El niño se encuentra con un guardagujas en una estación de trenes, quien clasifica y envía a miles de pasajeros en trenes que se mueven a gran velocidad en direcciones opuestas. El guardagujas explica que nadie en los trenes está contento y que solo los niños, al mirar por las ventanas, son los únicos que parecen saber lo que buscan. El Principito reflexiona que los niños valoran el tiempo que dedican a sus muñecas, volviéndolas importantes para ellos, y el guardagujas concluye que los niños "tienen suerte".



Capítulo XXIII


—¡Buenos días! —dijo el principito. —¡Buenos días! —respondió el comerciante. Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber. —¿Por qué vendes eso? —preguntó el principito. —Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana. —¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos? —Lo que cada uno quiere... "Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia una fuente..."

Capítulo XXIV

El narrador y el principito están en el desierto, y hace ya ocho días que su avión se averió. Están sin agua muy cansados, pero el principito sigue hablando de su rosa y lo importante que es el amor y los lazos que uno crea.

El piloto siente mucha sed y el principito le propone buscar un pozo aunque parece algo imposible en medio de el desierto. Sin embargo, ambos caminan juntos hasta uno durante la noche.

Mientras descansan el principito dice lo que “lo esencial es invisible a los ojos” recordando lo que aprendió el zorro: que el amor y las conexiones verdaderas son lo más importante, aunque no se pueda ver.

COMENTARIO:

En este capítulo se muestra la amistad y la esperanza entre el principito y el narrador. Aunque están  sin agua en el desierto, el principito enseña que lo esencial es invisible a los ajos y que lo más importante es lo que se siente con el corazón

Capítulo XXV


El principito reflexiona sobre cómo los hombres corren sin rumbo, sin saber lo que buscan. Luego, encuentran un pozo en medio del desierto, diferente a los pozos saharianos: tenía roldana, cuerda y balde, como si perteneciera a un pueblo. Al hacerlo funcionar, el pozo despiertay canta. El narrador ayuda al principito a sacar el agua, porque es pesada. Beber esa agua se convierte en un momento muy especial: no es solo agua, sino un símbolo de esfuerzo compartido, amistad y felicidad profunda.

Más adelante, el principito se muestra pensativo y ruborizado cuando el narrador menciona un aniversario, lo que hace pensar que planea algo importante. Finalmente, le pide al narrador que vuelva a su máquina, mientras él se queda esperando. El narrador, recordando al zorro, siente tristeza al darse cuenta de que cuando uno se apega, corre el riesgo de sufrir.

Dibujo:


 

Capítulo XXVI

 

Al lado del pozo había una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oí que hablaba.

—¿No te acuerdas? ¡No es aquí con exactitud!

Alguien le respondió sin duda, porque él replicó:

—¡Sí, sí; es el día, pero no es este el lugar!

Proseguí mi marcha hacia el muro, pero no veía ni oía a nadie. Y sin embargo, el principito replicó de nuevo.

—¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allí estaré yo esta noche.

Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada.

El principito, después de un silencio, dijo aún:

—¿Tienes un buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho?

Me detuve con el corazón oprimido, siempre sin comprender.

—¡Ahora vete! —dijo el principito—, quiero volver a bajarme.

Dirigí la mirada hacia el pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente de esas amarillas que matan a una persona en menos de treinta segundos, se erguía en dirección al principito. Echando mano al bolsillo para sacar mi revólver, apreté el paso, pero, al ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena como un surtidor que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un ligero ruido metálico.

Llegué junto al muro a tiempo de recibir en mis brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve.

—¿Pero qué historia es ésta? ¿De charla también con las serpientes?

Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a preguntarle alguna. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí latir su corazón como el de un pajarillo que muere a tiros de carabina.

—Me alegra —dijo el principito— que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Así podrás volver a tu casa…

—¿Cómo lo sabes?

Yo justamente venía a comunicarle que, a pesar de que no lo esperaba, había logrado terminar mi reparación.

No respondió a mi pregunta, sino que añadió:

—También yo vuelvo hoy a mi planeta…

Luego, con melancolía:

—Es mucho más lejos… y más difícil…

Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como si fuera un niño pequeño, y, no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo.

Su mirada, seria, estaba perdida en la lejanía.

—Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo también el bozal.

Y sonreía melancólicamente.

Esperé un buen rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco:

—¿Has tenido miedo, muchachito…?

Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura:

—Esta noche voy a tener más miedo…

Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.

—Muchachito, quiero oír otra vez tu risa…

Pero él me dijo:

—Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado…

—¿No es cierto —le interrumpí— que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla?

Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo:

—Lo más importante nunca se ve…

—Indudablemente…

—Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.

—Es indudable…

—Es como el agua. La que me diste de beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!

—Sí, cierto…

—Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo…

Y rio una vez más.

—¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!

—Mi regalo será ese precisamente, será como el agua…

—¿Qué quieres decir?

—Para la gente tienes estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido…

—¿Qué quieres decir? —Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú solo tendrás estrellas que saben reír!

Y rió nuevamente.

—Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana solo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: “Las estrellas me hacen reír siempre”. Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada…

Y se rió otra vez.

—Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír…

Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio.

—Esta noche ¿sabes? No vengas…

—No te dejaré.

—Pareceré enfermo… Parecerá un poco que me muero… es así. ¡No vale la pena que vengas a ver eso!...

—No te dejaré.

Pero estaba preocupado.

—Te digo esto por la serpiente; no debe morderte. Las serpientes son malas. A veces muerden por gusto…

—He dicho que no te dejaré.

Pero algo lo tranquilizó.

—Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura…

Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente:

—¡Ah, estás ahí!

Me cogió de la mano y todavía se atormentó:

—Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad.

Yo me callaba.

—¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado.

Seguí callado.

—Será como una corteza vieja que se abandona. No son nada tristes las viejas cortezas…

Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo:

—Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber.

Yo me callaba.

—Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes…

El principito se calló también; estaba llorando.

—Es así; déjame ir solo.

Sabía que quería irse. Dijo aún:

—¿Sabes?... mi flor… soy responsable… ¡Y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo…

Me senté, ya no podía mantenerme en pie.

—¡Ahí está… eso es todo…

Vaciló todavía un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo no pude moverme.

Un relámpago amarillo centelleó en su tobillo. Quedó un instante inmóvil, sin exhalar un grito.

Luego cayó lentamente como cae un árbol, sin hacer el menor ruido a causa de la arena.

Comentario: Este capítulo me pareció muy triste pero bonito. El principito se despide y aunque parece que muere, también da esperanza. Me gusto como habla de mirar las estrellas y recordarlo, como si nunca se fuera del todo.

Capítulo XXVII

El regreso del principito

Ahora ya hace seis años… Jamás he contado esta historia. Los compañeros que me volvieron a ver se alegraron de encontrarme vivo. Me sentía triste, pero les decía: “Es el cansancio…”.

Ahora ya me he consolado un poco. Es decir… no totalmente. Pero sé que ha vuelto a su planeta, pues al amanecer no encontré su cuerpo. No era un cuerpo tan pesado… Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas. Son como quinientos millones de cascabeles…

Pero sucede algo extraordinario. Al bozal que dibujé para el principito se me olvidó añadirle la correa de cuero. Nunca hubiera podido ponérselo al cordero. Y me pregunto: ¿Qué habrá pasado en su planeta? Quizás el cordero se ha comido la flor…

Pero otras veces pienso: ¡Seguramente que no! El principito encierra por la noche su flor bajo el globo de cristal, y vigila muy bien a su cordero… Entonces me siento feliz. Y todas las estrellas ríen dulcemente.

Otras veces pienso: uno se distrae una vez y basta… ¡Ha olvidado una noche el globo, o el cordero ha salido sin hacer ruido…! Entonces los cascabeles se convierten en lágrimas…

He aquí un gran misterio. Para vosotros que también amáis al principito, como para mí, nada en el universo será igual si en algún lugar —no se sabe dónde— un cordero que no conocemos se ha comido o no una rosa…

Mirad al cielo. Preguntaos: ¿el cordero se ha comido la flor, sí o no? Y veréis cómo todo cambia…

Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que eso tenga tanta importancia.



FIN



Comentarios